Una tarde en Kyoto





Antes de irme a Amanohashidate, me quedaba una tarde en Kyoto, había que aprovechar lo más posible antes de que me diera un ataque de Jet Lag. Revisé (la parte en inglés)  un mapa que saque del mostrador del hotel.

Kyoto estaba lluvioso, pero yo me sentía poderosa con mi paraguas trasparente que compré en Fushimi Inari. De todas formas, en el mall de junto del hotel compré una chamarra. Con mi mapa en una mano y el paraguas en otra caminé por una calle que no sé como se llamaba, iba en dirección al Templo Toji. Lo podía ver desde la ventana de mi habitación y fue mi primer encuentro con una pagoda real.

Las calles en Kyoto eran angostas, había algunas donde realmente no había una banqueta como tal, simplemente la entrada de las casa. La gente en bicicleta salía por todos lados, me parecía impresionante como controlaban la bici y el paraguas al mismo tiempo. Claro, no ha de ser tan complicado en un mundo donde los coches no son los importantes, que tienes la certeza que no te van a atropellar.

Cruce una avenida y ahí estaba, el templo Toji, encharcado.  El estacionamiento, parecía el de cualquier iglesia en México, suelo de grava y charcos mugrosos.

Entrar al templo costaba, no sé cuanto costaba, no entendí, pero había que pagar. entonces deambulé por la parte gratis del lugar. hasta que pude decir que conocí. Ya no llovía.

Templo toji
Templo Toji

De ahí, revisé el mapa a ver que salía. La torre de Kyoto no parecía que estuviera lejos. Me dirigí para allá. Pasé por más calles angostas, la clase de calles que en México darían miedo, pero allá por alguna extraña razón, no. Una calle subterránea, y a lo lejos se empezaba a ver la torre. Empezó la lluvia otra vez, seguí caminando por la vida, llegué  la estación del tren de Kyoto, pero era otra entrada, una más moderna. asumí que esa era la parte que las guías de viaje lonely planet dicen que debes conocer, no la del lado de mi hotel.

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Kyoto

Había una estación de camiones, no sé a donde iban, ni pregunté, con bancas y echos de plástico transparente. La gente esperaba su camión. Entré a la estación. Había muchas estructuras de acero, escaleras, no sé como me terminé metiendo al lobby de un hotel, elegante eso si.

Kyoto Tower

Regresé al interior de la estación. Compré unos triangulitos de pasta de arroz rellenos de frijol del soya, dulce. Una vez leí que para los japoneses la cultura del souvenir es importante y uno debe procurar llevarle a sus amigos dulces o comida típica del lugar al que vas. Asumo que estos eran los típicos de Kyoto, compré unos, estaban muy buenos, me duraron todo el viaje, sabían a matcha y algo como vainilloso.

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Desde la salida que tomaba para llegar al hotel, no parecía que la estación fuera tan grande, pero en verdad era enorme. Había lugares que para pasar, necesitaba mostrar mi Japan Rail Pass. Al final del día la Kyoto station era un gran centro comercial donde la gente paseaba con sus maletas.

 

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