Una mañana en Harajuku





Tengo que admitir que mi parte favorita en Tokyo es el día que fui a Harajuku, no se si porque era sábado, si llovió menos o me adapté mejor al calor, no lo sé, que pero cuando vuelva a Tokyo regresaré a Harajuku.

Para llegar a Harajuku tomé la linea Yamanote, incluida en el Japan Rail Pass, me bajé en la estación con el mismo nombre y según la guía Lonely Planet tenía que ir por la salida a Omotesando. Hice eso tal cual, siguiendo a las Lolitas, para este punto del viaje me preguntaba ¿donde rayos está la gente fotografiada que sale en internet? pues resulta que ahi, yo pensé que saldrían en Shibuya  pero no.

La calle de omotesando es una avenida llena de tiendas de lujo enormes, las más caras están ahi. Tiene arboles y por alguna extraña razón se te olvida que estás en una ciudad capital, lo que te vuelve a la realidad son los rios de gente. Después del interior de Tokyo Station creo que es el lugar más lleno de gente donde estuve y eso que pasé varias veces el cruce más lleno de gente del mundo.

Lo primero que me topé un fue un GAP, de ahi un lush lleno de lolitas y seguí adelante, Dior,  Dolce & Gabana, swarovski,Tommy Hilfiger… mi meta era llegar a Kiddy Land, porque mmm por que es la tienda kawaii del mundo, no lo sé, supongo que andaba buscando un Totoro o algo así. Saldría con algo de esa tienda costara los cientos de Yens que costara, quiza miles, dependía de que tan kawaii fuera el artículo de mi elección.

Caminaba y caminaba y no daba con el Kiddy Land, empecé a preocuparme. Por fin lo vi a lo lejos, cruce un puente peatonal. Estaba lleno de adolescentes y turistas como yo, pensé por una fracción de segundo en lo que diría mi mamá si supiera que no iba salir de la tienda con las manos vacías, en fin, entré. Efectivamente, es la capital kawaii, bueno ahi y Character street se lo pelea muy de cerca. Bueno pongamoslo de esta manera eran tres pisos de artículos de las marcas lindas de Japón y un sótano de Snoopy. Supongo que mi lado occidental me llevó directo al sotano de peanuts. Snoopys de todos los tamaños, articulos de escritorio (debí llevar el pisa papeles de snoopy con maquina de escribir) bolsas, termos, botellas, cobijas, cojines, seguí adelante, recorrí todos los pisos de la tienda kawaii, conocí a gudentama, un huevo estrellado que tiene mucha flojera de estar vivo.  TODA la colección de artículos de Totoro y Nicky entregas a domicilio, lástima que mi favorita “Se levanta el viento” no se presta a tanta mercadotecnia.

Al final opté por comprarme al embajador Kawaii del Japón, al buen Doraemon. Uno de tamaño mediano que no tendría problema para meter en la maleta ni tendría que pagar un asiento extra en el avión.

Regresé a Omotesando, vagué por ahí hasta dar con Oriental Bazar, la tienda de souvenirs japoneses, el único lugar donde encontré cosas que de hecho no me daría asco u horror trasportar, nada que ver con las sardinas de Amanohashidate o las bolsas de charalitos de Ine. Había llaveros, ¡al fin! Oriental bazar es la clase d elugar donde puedes comprar una yukata (no lo iba  hacer, sé que como occidental con razgos americanos y ojos redondos me vería completamente ridícula) Katanas ($5000 dolares) piso de tatami (no way) furoshikis hasta decir basta. Dos pisos de cosas que decian Japon y el Monte Fuji.

De Omotesando me fui a Takeshita dori, o calle Takeshita. ¿qué tiene de genial? bueno, es una calle totalmente peatonal llena de tiendistas de la cultura pop, donde los visual key, las lolitas y otras contralculturas japonesas se paseaban. Empezó a llover y yo sin paraguas… me metí a las tiendas de vestidos de lolitas a curiosear, y vi que con una quincena puedes comprar un sombrero de lolita, había tiendas de masajes, tiendas de objetos kawaii, ropa extraña, comida. Se sentía un ambiente diferente al corporativo en Tokyo Station.

Luego me perdí, salí a una calle empedrada con casitas bonitas y tienditas, ni parecía nada de lo que había visto hasta ahora, era un circuito extraño, porque no sé como volví a Takeshita street.

Me dio hambre y busqué donde comer. Encontré un Yoshinoda muy cerca de la estación del tren y ahí me quedé. Empezó a bajar la lluvia.

 

 

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