Una Historia de Ronchas

Pues… digamos que solamente una vez en la vida me había llenado de ronchas, y no del tipo viral, y fue cuando nací, ok, a los meses de nacida, resulta que mi primera enfermedad fue una intoxicación por medicamento y me volví un bebé roncha. Nunca más volvió a pasar, hasta, bueno, esta semana.

Resulta que saludablemente yo, decidí pedir un filete de pescado en la cafetería de mi trabajo, pensé, “Oh sí, pescado, todo saludable, seguro viene con verduritas hervidas.. sí, viva la comida sin grasa”. Grave error… para empezar, el pescado estaba desabrido, punto menos, todo siguió normal, hasta que el martes me vi unos puntitos en el cuello, y pensé, bueno, es el sol, o algo así. Martes por la noche mi cuello era rojo, como si de verdad me hubiera asoleado sin protección.

Miércoles por la mañana, pies enronchados, cuello rojo, brazos como cuando me dio sarampión. Me presenté a trabajar porque alguien tiene que entregar las tarjetas del conductor. Me mandaron al servicio médico,la recepcionista, una mujer sindicalizada, compraba joyería, y le comentaba cuando empezarían a repartir los aguinaldos. La doctora que me asignaron, bueno… yo creo que era pasante, no pensaba inyectarme hasta que me vio los pies, eso la hizo cambiar de opinión, para ese momento ya era el hombre elefante, bueno la yo elefante. En fin, una enfermera malhumorada me inyectó “clorotrimetron” y mi cuello volvió a su tono normal, viviría esa semana tomando loratadinas y todo estaría bien.

Jueves… oh jueves… mi cuello era rojo, mis ronchas de los pies eran como calcetines los brazos picaban como si trajera puesto un suéter de lana y además me faltaba el aire. Si pensé que ahí iba a quedar. La cara hinchada, otra vez como Joseph Merrick. Esta vez fui con un doctor de verdad, y bueno, me dijo que estaba envenenada con pescado, que las ronchas eran la manifestación, que ese clorotrimetron sólo me hizo cosquillas. Me mandó tres inyecciones de dexametasona y loratadinas cada  12 horas.

Odio las inyecciones, pero tuve que aceptarlo… digo era mejor que seguir rascándome, además ya tenía algo más porque sentía que iba a vomitar a la menor provocación.

Esa noche me pusieron la primera inyección, llegué a mi casa muerta del sueño, sólo para despertarme en la madrugada empapada de sudor, al fin sentía que la medicina empezaba a causar efectos.

Viernes, fui a trabajar, las ronchas de los pies iban de reversa. Aún así, tenía miedo de que se pusieran los labios de Johnny Laboriel ¿qué iba a hacer?

Hoy fue mi última inyección, ya retomé mi blanco natural, ya duelen menos los piquetes, el lunes volverá todo a la normalidad.

Y, a todo esto, para qué intentar ser saludable, si cuando lo intentas dan pescado echado a perder.

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