Pues sí, fue el temblor, que cayó en el aniversario de que fue en 1985. Seguramente ya hay muchos relatos de lo que sucedió, pero pensé que debería dejar el registro aquí en mi pequeño blog, entonces está es mi crónica.

En la mañana tuvimos simulacro, como todos los 19 de septiembre desde que vivo en la CDMX, nueve años después ya me consideraba una experta en salir en orden de cualquier inmueble ya no era algo relevante para mi. Los primeros años que participé en el simulacro del 19 de septiembre pensé que era algo interesante, como cada año la sociedad se une para reeducarse en como evitar tragedias. Claro este año se me hizo fácil quedarme sentada en una oficina viendo el simulacro en el zócalo. La verdad, no quería salir a saludar a la gente, porque en eso acaban los simulacros, en tertulias, gente platicando, nadie sale a tiempo, compran cafés, se ponen a fumar, hace mucho que el sentido original se acabó.

Se acabó el simulacro, la vida siguió igual que siempre, todo normal, casi aburrido. Fuimos a grabar a uno que llegó tarde, ya sabíamos que iba a llegar tarde, tanto que me dio tiempo de conseguir un café, tomármelo y regresar al  lugar.

Acabamos de grabar y ya pensábamos en volver a la oficina cuando empezó. Recuerdo que estaba parada sobre una tarima. Karen dijo “Está temblando” Yo dije “No, es la tarima” se movió más  sonó el alarma.  Ahí fue cuando empezó el pánico. Acabé en el suelo y sentía que los vidrios de un candelabro se estaban cayendo del techo, algo había tronado, si estaba fuerte.

Salimos corriendo, Karen me jalaba, yo en serio no sentía un riesgo real, sólo pensaba “Desde el 85 ya no se cae nada en esta ciudad, no pasa nada.” Cruzamos unas puertas de cristal y así tuve miedo, cristales cayendo, ese era mi mayor temor.

Esperamos en la puerta a que se detuviera, yo no me sentía capas de bajar escaleras en movimiento.

Finalmente nos desplazamos a la zona de seguridad. Escuchamos comentarios de la gente, hubo a quien le cayeron piedras en la cabeza. Desmayados, mujeres en crisis y no es que quiera ponerme de sexista ni nada por el estilo, pero yo sólo vi mujeres. El Nef, que es brigadista, ahí estaba transmitiendo en su facebook.

Por instinto empiezas a localizar a los que te importan. Yo avisé en mi casa que estaba bien y esperé que los mensajes se enviaran.

Nos sacaron del inmueble y nos mandaron a nuestras casas. Los pasillos de la oficina se sentían extraños. Silenciosos, como esperando que algo más ocurriera. Vi más blancas las paredes, no sé porque.

Ro y yo salimos rápidamente, comentando nuestras experiencia con el acontecimiento reciente. Los semáforos no funcionaban, la primera señal de que no había luz, eso era nuevo. En 2011, después del terremoto, tsunami y emergencia nuclear de Japón tembló seguido, recuerdo uno en especifico, en el 11 piso de ABC radio, me iba de lado, aún así, había luz…

Llegamos a casa, efectivamente, nada de luz. Lo primero que hice fue encender el radio de mi celular y sacar un traste con humus, moría de hambre, desde que estábamos en la grabación no hacía más que pensar en bajar a mi lugar y comerme una barra de arroz inflado cubierto de chocolate, que saqué de mi cajón antes de irnos.

Ro empezó a revisar redes sociales y ahí fue cuando empezó el terror. Videos de edificios en la ciudad cayéndose, algunos los ubicábamos perfectamente. La condesa se cayó, la Roma también. Egoistamente agradecí que me cambié de casa hace dos meses y ya estoy lejos del corredor hipster de la CDMX. Volteaba a mi alrededor, todo parecía estar bien, salvo la luz, internet y teléfono. La señal del celular iba y venía. Agradecí que no estaba sola, ahí estaba Ro, localizando a su familia y buscando la manera de volver a casa.

Los días siguientes, la ciudad se sentía extraña, todo el mundo andaba con cuidado, constantemente viendo las noticias. No he podido soltar mi radio.

Cuentan que había coches abandonando en reforma. Los rateros salieron a hacer su agosto. Las historias de gente que perdió todo empezaron a emerger, era mucha, algunos los conocí personalmente.

Un pensamiento cruzó mi mente, la historia es cíclica y todos esta destinado a repetirse, por más que el ser humano haga un pequeño esfuerzo para evitarlo, entonces, cada generación está destinada a vivir algo así, hasta el fin de los tiempo. A mi generación le tocó el terremoto de 2017, como a la de mis papás les tocó el 85 y a sus papás les tocó el terremoto con el que cayó el ángel en 1957, y me puse a revisar más registros, y al parecer esto ocurre cada cierto tiempo. Creo que lo veré de tal forma que es la naturaleza recordándonos que ella manda, nos hace el favor de dejarnos hacer refinerías y fraking, pero al final ella es la dueña del planeta.

Hace algunas semanas, Toño, quien tomó las fotos de este post, comentaba que hacía mucho que no temblaba ni siquiera tantito, que esos pequeños terremotos evitan desastres como este. La cosa es que este fue diferente, tres placas chocaron entre si y se rompió la placa de cocos, supongo que es lo que esperan algún día ocurra con la Falla de San Andrés y las Californias se vuelvan una isla.

Ocurrió de todo, como el seguimiento en vivo del caso Frida Sofía, que na más no… da coraje porque todo eso se pudo invertir en gente real bajo los escombros.

Ver que hay edificios que hace una semana estaban ahí, x mente ya no están o no tienen paredes. No sé, a mi personalmente no me dan muchas ganas de salir a la calle o estar lejos de casa, no sabría volver sin metro. El cual desde el día que todo esto empezó ha sido gratis.

 

 

Pues las fotos las tomó Antonio Castro García, quien me enseña a usar la función manual de la cámara. Para fotos de otro tipo, sobre su trabajo documental les dejo su sitio web aquí.

No tiene pierde 🙂

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