Vivir en el siglo XX era más fácil ; Travesuras de la niña mala




Ésta semana leí un libro de Mario Vargas Llosa (que novedad) Travesuras de la niña mala, este tuvo la particularidad de hacer el trayecto en metro no fuera suficiente para seguir leyendo.

Travesuras de la niña mala es la historia de Ricardo Socomurcio, un peruano que desde niño soñó con vivir en París, por todas las novelas que leyó de niño. Durante los años 60´s se mudó para allá. Su vida adulta transcurrió en Europa, particularmente Francia. El narrador siempre fue un traductor/ intereprete que no hizo más de su vida y realmente no le pesó.

Cada década fue marcada por la presencia de la niña mala. Una mujer que aparecía y desaparecía a su conveniencia en la vida del narrador y protagonista.

La novela nos describe la década de los 60´s en un país aún marcado por la literatura existencialista, cine de arte y abundancia en cultura como la vida bohemia.

Pasamos a Londres de los 70´s con la escena hippie a todo lo que da. Creo que estas descripciones que dan contexto son una parte valiosa de la novela.

También tenemos recuerdos del Perú después del Ochenio de Odria, con los intentos de implantar le comunismo que acabaron en golpe de estado y nueva dictadura, el MIR y Sedero Luminoso hacen su aparición… na más faltó Fujimori. Digo el contexto sociopolitico de Europa, Perú y en algún momento Japón no es algo importante en la novela, pero le da algo interesante.

Esta novela genera curiosidad, como morbo sobre  historia de huachaferias  (peruano para cursi) de Ricardo y la niña mala. Son cuarenta años de conocerse y hasta cierto punto tener una relación.

La novela, sigue un patrón que he detectado en todas las historias de Vargas Llosa excepto La Fiesta del Chivo, siempre es un chico del barrio de Miraflores el protagonista, siempre ambientada en los 50s.

Este texto es muy entretenido, creo que no tiene pierde, en mi caso me dieron ganas de haber vivido en periodos importantes de la historia y poder narrarlos. Es una historia de amor diferente, sin un final alegre y esperanzador de cuento de hadas, pero tampoco es una tragedia griega… es la vida, supongo.

jime

 

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