Noche de viernes con noodles

De esas noches, planas, ni llueve, ni hace calor, ni frío, ni nada. Que pones el reproductor de música a ver que sale, quizá algo que anime la noche.

Salía a buscar algo de comer, pusieron una barra de comida al wok y curiosamente el servicio para llevar empaca los productos como comida china de caricatura.  No sé, frente a computadora con mi cajita de tallarines y verduras me sentí tan esteriotipica. Puse música, inspiración y esas cosas… igal y salía algo más cliche aún.

Podría decirse que nunca le había puesto mucho atención a la canción de Rocdrigo Gonzales,  la de “No tengo tiempo” de la nada empieza a tener sentido, supongo que es la edad. Ya no es sólo la canción de rock urbano con la armónica. Yo tampoco tengo tiempo.

Cabalgo sobre sueños inecesarios y rotos prisionero iluso, de esta selva cotidiana. Y como hoja seca, que baga en el viento vuelo imaginario, sobre historias de concreto.

y así empieza… entonces… no sé que pensar de la vida, digo, viendo el presupuesto, con el barril de petroleo calculado a $40 USD, que si sube el salario mínimo nunca podré pagar las mensualidades para tener un departamento de una recamara y vivir ahi sola y ser feliz, que nadie gana el salario mínimo realmente, y el incremento al salario mínimo no significa nada para nadie, salvo más multas y más gastos… que dólar sube y ya no podré hacer viajes por el mundo con el que hice en verano. Que hay tanta insertidumbre que ya no sé que esperar pronto. Como si hubiera que cambiar las prioridades. ¿Entonces? y si esa canción es de los ochenta, ¿qué cambió? casi nada… como si hubiera que aceptar la desolación y ya.

Y sigo con los noodles, los noodles neoliberales, que quiza contribuyan con la crisis que causas estragos económicos y entonces la gente no puede seguir sus sueños… y así por los siglos de los siglos.

jimena

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