La ciudad que me daba curiosidad




Supongo que esa ciudad me dio curiosidad desde que iba en primero de primaria y escuché de ella, tenía poco que se conmemoraron los bombardeos. No tenía idea de donde en el mapa estaba Japón, pero la forma en la que narró la maestra. La primera vez en mi vida que escuché Hiroshima.

No sé porque me dio curiosidad, más que Nagazaki, supongo que tenía que verla con mis propios ojos. No ayudó mucho el hecho de que cuando Mazda llegó a México empezó con publicidad indicando que ellos eran de la ciudad de la bomba y se levantaron. Eso es lo que tienen, que les cayó la bomba, sobrevivieron y se levantaron, a pesar de sus ruinas de hormigón, eso es lo increíble. De ahí debe radicar la curiosidad que me inspira. El tiempo pasa, la gente olvida, pero ahí no te permiten olvidarlo el todo.

Cuando llegué a la ciudad, venía de Kyoto, trasbordamos en Shin Kobe y llegamos a Hiroshima. La estación me pareció diferente, por la baja afluencia de gente que encontramos. Todo hacía alusión a las Carpas de Hiroshima.  Aquí el snack local era el pan de ostras. Nos paramos en un Mr. Doughnuts y ahí también había.

 

Coffee and dougnuts japoneses

Una publicación compartida de Jimena (@jimena_battousai) el

Llegamos una tarde soleada, a buscar el hotel y dejar las maletas a ver que podíamos conocer, no teníamos mucho tiempo, al día siguiente debíamos llegar a Miyajima antes del último ferry.

El sol, hacía calor, pero no mucho, hasta que el esfuerzo de arrastrar las maletas en calles empinadas lo hacía parecer como el desierto. Las calles eran anchas y había edificios, pero no muy altos como en Tokyo o en Nueva York. Supuse en ese momento que no era una ciudad densa mente poblada. Cruzamos un punte y yo no hacía más que remontarme a los relatos de la mañana del 6 de agosto, preguntándome ¿cuantos ríos tendrá la ciudad? ¡estaría pasando por el río más famoso? creo que no.

Los niños salieron de las escuchas y caminaban en grupos, todos con sus uniformes sailor y gorritos azules para cubrirse del sol.  Caminaban tranquilos sin temor a que el narco los levantara o fueran robados por dichoso camión de yogurt para trafico de órganos como la leyenda urbana de mails, o robo para trata de personas.

El pavimento era blanco,  las rueda de a maleta se atoraban y el Unizo Inn no parecía que fuera salir pronto. Hasta que apareció. El clásico Business hotel que resulta deprimente, como todos los que he ocupado. Un cuarto individual con todas las necesidades cubiertas de una manera compacta y una ventana que no da a nada pero entra luz.

La primera parada esa tarde fue el castillo de Hiroshima, no estaba lejos de ahí. El el camino vimos pasar el último maple loop del día, lleno de turistas.

En el castillo tomamos fotos, del castillo, del lago, de las carpas de piedra, los jardines, las espadas (y luego me enteré que era prohibido)

No lejos había un supermercado, buscamos comida, resulta que después de las cinco de la tarde le ponen descuento a la comida para que salga pronto y nada se desperdicie.

A la mañana siguiente nos levantamos muy temprano para tomar el primer camionsito rojo. Dejamos las maletas en un locker de monedas de 500 ¥ y con el Japan rail pass nos dirigimos al parque memorial de la paz. La primera parada fue la cúpula Genbaku. Verla fue impresionante, supongo que es lo que le ocurre a la gente que ve la torre Eifel en París, para mí, era como ser parte de la postal por un momento. Creo que muy pocas cosas me han impresionado como ver el A bomb dome frente a mí. No era un edificio muy grande, quizá tendría tres pisos cuando mucho, o dos y la cúpula. No sé, saber que ahi arriba cayó la bomba y eso fue lo quedó me parece increíble.

 

Hiroshima en la cúpula Genbaku #Hiroshima #abombdome #genbakudome

Una publicación compartida de Jimena (@jimena_battousai) el

No todo es deprimente, también estaba la estatua  un poeta antes de la guerra, fue influyente en su momento y nació en la ciudad.

Yo tenía que ver la cúpula para saber que en verdad fui a Hiroshima.

Después de una mañana en el parque memorial nos fuimos a Okonomimura, el lugar más feliz sobre la tierra, por la cantidad de Okonomiyakis que había. Mi platillo favorito de la gastronomía japonesa.

Después de Okonomimura sabía que la visita estaba a punto de terminar, había que llegar pronto a Miyajima, antes del último ferry.

Creo que volveré, lo sé, quizá por otro okonomiyaki. a comer el pan de curry con ostras, o a ver un partido de baseball de las carpas.

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *