Iaido





Una de las ventajas de la beca, además de que viajas por lo que costó el avión, está en que tienes una experiencia cultural más allá de lo que vería un turista, en mi caso incluyó una visita al dojo de Iaido.

¿Qué es iaido? es un arte marcial, donde se simula un ataque y se evalúa la coreografía de como se recibe el ataque, y como se elimina al contrincante, además de califica que no hagas ningún tipo de gesto.

Llegamos al dojo como a las 11 de la mañana, dejamos nuestros zapatos en la puerta y saludamos al entrar. Creo que estaban calentando. los vimos entrenar un rato, sentados en un sillón lleno de equipo de entrenamiento. Era increíble ver con que facilidad desenfundaban las katanas. A lo lejos vi a un tipo, y dije “Este es wester, y viene de por mis rumbos”, bueno, casi, era gringo.

Los señores Okada y Tim, un alumno de Estados Unidos, nos explicaban lo que estaba pasando. Resulta que el dueño de dojo, el señor Matsumoto, peleó en la segunda guerra mundial, se me hacía curioso que ya tantos años después tuviera alumnos estadounidenses y pareciera no desagradarle… como la canción de Bob Dylan, The times are changin , claro Tim decía que el sensei no hacía más que llamarlo Tom.

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Un señor que iba diario a practicar, sugirió que nos dejaran usar las espadas y yo fui la primera en pararse a ver que onda. Me amarraron el equipo y me prestaron una Katana y yo fui la persona más feliz del universo, tenía una katana en mis manos, como en samurai x o en kill bill. Puedo decir que no pesan nada y que tomarlas es imponente, supongo que porque lo siguiente que imaginas es cortar a alguien en dos (y con que gusto no cortaría a un grupo de personas así) al final resulta que no es fácil guardarla en su funda, bueno, desde sacarla, pero fue interesante.

El señor Okada fue por refrescos a la maquina más cercana, como casi no abundan de esas en Japón, y después de darnos la presentación, explicación y dejarnos jugar con las espadas, él la entregó y de la nada ya estábamos sentados en el suelo bebiendo café frío y viendo un catalogo de equipo deportivo.

A estas alturas de la vida ya me había acostumbrado a que todo el mundo se asombrara de que yo venía de México “Mekishiko”

Si tan sólo tuviera 5 mil dólares, tendría mi propia katana…

 

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