Fuera del itinerario





A veces el día amerita cambiar un poco la rutina normal, no sé, supongo que es un mecanismo de defensa psicológico para que no te vuelvas loco por la rutina.

 

En ocasiones la vida parece un pasillo sin ventanas, largo que medio sabes a donde va pero no parece que allá más, entonces sólo lo caminas y esperas lo mejor. Cuando vez el camino de azulejos naranja y paredes blancas sin señalamientos es el momento en que caes en cuenta de la monotonía de la rutina diaria.

Pero hay días que te topas con puertas abiertas y es cuando vale la pena asomarse a ver que sale, porque son dentro del mismo pasillo, no estás desviando del objetivo final.

Hay mañanas en las que todo se acomoda de tal manera que lo demás no parece importar mucho. Enciendes el radio, te estiras, vez que es más temprano de lo habitual, y no estás cansado, tienes unos minutos extra para disfrutar de la paz de las suaves sabanas que tú mamá eligió.

Ya de buen humor desayunas escuchando las quejas de las recientes elecciones. No es novedad que nunca estén conformes y siempre acusan de fraude electoral, pues sí, democracia bananera que se vuelve dogmática con un líder intolerante que se vende como el único honesto en este país, ni las manos al fuego puede meter por la gente que agrupó en el partido que creó sólo para intentar ser presidente.

A pesar de que la charla post electoral toda la semana  se convierte en porque no les gustan los resultados de las elecciones, pero los días que amaneces de buen humor esas cosas no importan.

De repente decides que hay que variar tantito las cosas para no sentirte atrapado en el túnel y en lugar de ir al metro de siempre, te vas a la otra estación, pero en el camino te topas la cafetería de la sirenita y piensas “¿Porque no?” al fin que no es algo que hagas diario, un cold brew para el camino, pero que sea grande para que me dure de aquí a la oficina. y como vienes tan de buenas ni siquiera hay fila. Añades un paquete de nueces porque te sientes benevolo. Es como si nada te detuviera.

Llegas al metro y vacío como debe ser, porque ya se nos olvidó las dos semanas de contingencia y hoy no circula. Sola en el vagón leyendo el libro de la semana.

Como el día empezó más temprano de lo habitual la pequeña escala en la cafetería y el camino más largo al metro no importa mucho, sigue siento a tiempo, sólo te asomaste por una ventanita del túnel que es la vida y cambió las cosas por un rato. Ahora a seguir transitando el túnel, a ver que más sale pronto.

 

 

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