El transporte público y yo

Mi relación con el trasporte público data de años, creo que más de ocho, no sé porque no he querido ahorrar por un coche… claramente lo necesito , creo.

Hoy en la mañana iba en la linea de siempre,  en general va vacía porque me toca ir en contra flujo. Hoy por poco y no me toca sentada, y era la misma hora de siempre. Se fue parando mucho tiempo en cada estación y para cuando llegué a mi transbordo me acordé de los trenes de Japón, tan puntuales, tan rápidos, con tantos anuncios del estreno de Momotaro.

Después de tantas paradas innecesarias entre estaciones daba miedo voltear mi reloj, lo hice, me quedaban como cinco minutos para llegar a tiempo. El pequeño detalle era cruzar el transbordo, un pasillo largo lleno de tienditas donde venden desayunos, fundas de celular, medicinas naturistas, zapatos Andrea, libros de superación personal, peluches, sortear al señor del violín con el niño que quiere que le des dinero subir una escalera que durante el año pasado lo pasó clausurada con todo un muro donde la gente rayó su descontento por el alza en los precios del metro. de ahí otra escalera, un muro con “ventana” que da a algún lugar del barrio  y subir más escaleras.

Ya que estás arriba, en el anden hay que ponerse cómodo, en un lugar estratégico, donde al abrir las puertas sepas que sales directo a tu destino. Es en ese punto donde le pongo atención a las pantallas del metro, porque mi convoy pasará dentro de quince minutos, porque así es ahí, nada más. Digamos que si se parece a Japón, debe tener una hora preestablecida y por eso parece que tarda mucho en pasa, claro, es su programación. Tú eres el impuntual que perdió el tren.

Hay días que al subir las últimas escaleras, se oye como llega el tren y la gente, con los bultos que vaya cargando corre a como de lugar para alcanzarlo, es un tren tan escaso. Uno no quiere perderlo.

jimena

 

 

 

 

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