Día de Muertos en Michoacán





Cuando los libros de texto gratuito de la SEP forman parte de tu educación básica, lees muchas historias de día de muertos, crónicas, poemas, murales… la mayoría ocurren en Michoacán. Creo que ya entendí por que, y no digo que no se haga una conmemoración respetable en otros lugares de la república, pero aquí la celebración es casi una política de estado.

Aunque Morelia, la capital la decoran acorde con la festividad y hay muchas catrinas en la calle, pero la magia es en los pueblos vecinos. Las tradiciones siguen ahí desde la colonia, casi tal cual como se hacían.

En el lago de Patzuaro hay una isla llamada Janitzio. Hasta arriba tiene un gran Morelos que recuerda a Freddy Mercury, en cualquier día de la semana la gente se dedica a la pesca, pues es un gran lago, pero en día de muertos podemos observar una de esas historias de libro de la SEP, las ofrendas de los pescadores de Janitzio.

La noche del 1 de noviembre, los pescadores salen vestidos de blanco con cintos rojos en sus lanchas alumbrados con antorchas. Hacen un circulo y levantan sus redes. Esa es parte de su ofrenda.

En la isla todas las luces se apagan y solamente se voltea a ver al lago a ver que está sucediendo. Como turista, puedes llegar a tiempo y ver la ofrenda desde una lancha de pasajeros, con la isla al fondo.

Al terminar la ofrenda, los pescadores permanecen en el agua, pero puedes visitar la isla, que tiene un festival con música regional, incluso el maestro de ceremonias habla en español y en purépecha. Ahí podemos ver la representación de una ofrenda, sin necesidad de subir todo el cerro hasta el panteón.

En el festival, además de la música, y las ofrendas hay vendimia de comida, tacos, hamburguesas hot dogs, tamales, quesadillas, mur surtido el asunto.

La siguiente parada fue el panteón de Tzurumutaro, que sólo permanece abierto hasta las 12 de la noche. Aqui la gente va a decorar las tumbas de sus difuntos. Es el panteón más colorido que he visto.

Pongamoslo de esta manera, la entrada al panteón tiene flores que cuelgan, frutas de ofrenda y velas, lo vez desde lejos, a pesar de la oscuridad, es tan naranja. Se entiende perfectamente que las almas lo puedan ver y llegar.

Ahí fue donde escuché que durante los primeros tres años de muerto, las almas llegan a las casas donde vivían, por eso la importancia de los caminos de flores de cepasuchil que lleguen a la calle. Ya para el cuarto año los difuntos como que entienden que deben quedarse en el panteón. La gente les pone canastitas con comida sobre las tumbas, cubiertas con una servilleta para que las otras almas no les ganan su comida. En este panteón vi muchas coca colas, frutas, pan, cervezas. Las tumbas estaban cubiertas de flores, fotos.

Puedes caminar libremente por las tumbas y ver a los familiares sentados en banquitos junto a las tumbas.

La siguiente parada fue el cementerio de Tzintzunztan. Como Michoacán tuvo tres capitales, y este pueblo fue una de ellas, por ello es un panteón más grande. La entrada no está tan decorada de flores como en Tzurumutaro, pero el interior si es naranja completamente.

Este panteón, además de que lo divide la calle, tiene otro pequeño detalle, en día de muertos cierra a las puertas hasta las 6 am. Esto permite que los familiares se queden velando toda la noche.

Al entrar a este cementerio ocurre una cosa muy extraña. Por un lado se escuchaba un rosario, que al terminar se volvió una letanía donde en coro exclamaban “Penitencia” ahuyentaban al demonio y pedían por las almas de la gente que moriría esta noche. Mientras que en otras tumbas podías ver fiesta literal bandas tocando lo que posiblemente eran las canciones favoritas del difunto. Entonces resultaba increíble el penitencia en voz lúgubre con la banda alegre.

Las tumbas también estaban cubiertas con flores y comida, pero tenían el extra de familiares haciendo guardia. Alguno dormían sobre petates y se tapaban con buena cobijas, en este punto de la noche ya era helada. Otros familiares organizaron como relevos y cambiaban según su turno.

La noche avanzaba, pero la celebración no parecía tener fin. A las 4 de la mañana que regresamos a Morelia, la ciudad estaba vacía, pero todos los altares de muertos que pusieron para celebridades locales estaban encendidos.

Pues esta fue la noche de día de muertos en Michoacán, donde es posible que sea de las más autenticas que aún quedan en México, porque aceptemoslo, no es lo mismo poner un altar de muertos en tu casa, que quedarte a dormir en un frío panteón una noche de noviembre.

 

 

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