Confesiones de una Acaparadora

Para continuar con el plan de orden de Marie Kondo, seguí con el plan del libro, pasamos a la ropa. La semana pasada fue abrir espacios en los cajones, para tener donde guardar.  Ya podía empezar el maratón de ropa.

Resulta que soy una acaparadora… y no tenía idea, hasta que vez todo el desorden  en otro lugar.

El libro dice que debes sacar todo de su lugar y ponerte a acomodar. Mi cuarto es un lugar de dos por dos, que nunca puede estar en orden. Tengo una cama que también es baul, un closet pequeño y evidentemente no hay lugar como para una cajonera apropiada. Hace poco conseguí una puerta, porque mi roomie tenía tendencia a meterse a robar ropa, luego me la encontraba en la secadora. Lo divertido de mi puerta es que se abre hacia afuera porque adentro no cabe.

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Inicié el maratón el viernes. Prácticamente me tomó dos horas  sacar todo lo del closet y mi cama. Lo dejé todo en la sala y me puse a descartar.  Cada que sacaba cosas me preguntaba ¿como demonios cupieron? la verdad es que yo nunca sentí que cupiera en mi casa, menos en mi cuarto, pero todo estaba ahí adentro.

Cuando vi la cantidad de cosas que tenía en la sala entré en pánico, sentía que no iba a terminar o que no iba a ser capaz de descartar nada y tendría que ordenar todo mi desastre. Fue muy abrumador.

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Cuando vi mi cuarto completamente vacío pensé “¿porque no se queda así para siempre?”

Dos horas después de destruir la sala empecé con los zapatos. Los puse por pares y los examiné, saque tres bolsas de basura llenas de zapatos que ya no me inspiraban ponérmelos o que me habían destruido los pies en varias ocasiones o que no tenía buenos recuerdos de haberlos usado.

Pasé a la ropa. Empecé doblando lo que aún me inspiraba felicidad y acomodándolas en cajas temporalmente.  Si algo no me agradaba o no me quedaba o era de la prepa se iba a la bolsa. El libro dice que le agradezcas a tu ropa y te despidas de ella. Lo hice, y bueno te acuerdas de cosas buenas que te pasaron con ella, en la mayoría de los casos. La ropa de la prepa fue la más fácil, sólo me decía “Eso fue hace mucho” y ya, como que entendías que era tiempo de renovar.

El viernes no acabé. Llené un par de cajas, el desastre seguía en la sala y me fui a dormir, porque al día siguiente tenía curso temprano y no creí que fuera buena idea llegar tarde y muuy desvelada.

El sábado, volví de mi curso y seguí acomodando. Ya tenía varias bolsas en el rincón. Daba miedo. El libro dice que el maratón de descarte debe ser una actividad en silencio o si vas a poner música que sea instrumental. No pude, aproveché que tenía la casa para mi sola y puse mis favoritas. Eso me daba una sensación de que debía apurarme. Cada que acababa un playlist me daba pánico ver que no se reducía la pila. Hasta que ya eran menos cosas, ya sólo tocaría trapear.

Como a las 12 de la noche acabé de acomodar todo en el closet y abajo de mi cama. Incluso encontré cajas que podían servir como cajones dentro de mi closet. Le cabía más ropa a mis cajones de lo que esperaba, nunca lo vi venir.

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Al final salieron 11 bolsas negras llenas de cosas que dejé en el rincón y me fui a dormir. Sentí como si viniera del gym, nunca había hecho tanto ejercicio. Todo seguía siendo muy abrumador sobretodo viendo las bolsas del rincón y pensando “¿qué demonios voy a hacer con todo esto? ”

Al día siguiente fui a la iglesia y se llevaron mis bolsas con un carrito. No me sentí mal de dejar ir todo eso.

El libro dice que al conservar todo lo que te hace feliz te sientes mejor. Vez tu entorno con otros ojos. Aún no siento que sea mi casa, pero al menos ya tiendo mi cama y no he dejado zapatos tirados en el suelo, eso en mi caso es bastante. Regalé dos tercios de mi guardaropa y lo más deprimente, o inspirador o no sé, es que no tengo ganas de comprar ropa o zapatos. Creo que finalmente llegué a un estado de no quiero nada. Espero no tener que repetir este proceso pronto, pero ya le agarré el gusto a doblar ropa.




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