Para continuar con el nuevo ciclo de Disney convirtiendo sus historias clásicas en live actions, esta ocasión llegó al cine, el oso favorito de todo el mundo, Winnie Pooh, y no de una manera absurda como podría esperarse. Esta entrega podría ser un nuevo clásico. Christopher Robin.

Cuando era pequeña, siempre que llegaba de la escuela a la hora de la comida veía las aventuras de Winnie Pooh, a la fecha tengo una cobija de Pooh con Piglet en un globo. El mundo del bosque de los cien acres era tan tranquilo, simple, un lugar feliz, básicamente molestar a conejo, comer miel, evitar que Igor se hiciera daño a si mismo y ver al megalomano de Tigger brincar.

Bien, el Live action de Disney para este verano es la historia de Christopher Robin, el niño que era dueño de los animales de peluche que vivían en el bosque y quien los cuidaba de los Efelantes y Guardas.

La película comienza con la partida de Christopher Robin a un internado, como todo buen niño inglés de principio del siglo XX. Le promete a Pooh que nunca lo olvidará.  Se va al internado y se vuelve un adulto. Se casa con Evelyn y de alguna manera, termina en el ejercito. Asumo que luchó en la Segunda Guerra Mundial.  Cuando vuelve de la guerra consigue un trabajo y ahí es donde las cosas se complican, porque pierde la noción de las cosas importantes en la vida con tal de cumplir las expectativas que tiene el hijo del dueño de la empresa.

Winnie Pooh debe recordare quien demonios es él realmente, con la filosofía Pooh. La miel te hará feliz, sigue el camino, porque te llevará a algún lado, quizá donde debas estar, las cosas deben ser divertidas. Los globos rojos son bonitos.  Volver al bosque de los Cien acres era lo que necesitaba para mejorar su vida y su relación familiar.

La película, aunque tiene una historia que ya se ha visto, el adulto que necesita recordar lo que quería ser para encontrar la dirección que debe tomar ahora que es grande y tiene su propia familia, creo que aqui lo exploran de una manera muy agradable, primero que nada porque el guía espiritual es Pooh. Además, creo que la guerra cambió los planes originales de la gente, no es lo mismo leer que al otro lado del Atlántico pelean contra los Nazis, a ser bombardeado en las noches por el ejercito Alemán. Después de la Guerra quedó un sentimiento de querer levantar el país y no permitir que algo así volviera a suceder y creo que eso parte de lo que volvió a Christopher Robin un workaholic.

Es muy agradable ver a Pooh comiendo miel y como Tigger arruina las cosas, Piglet siempre es adorable y el diseño animado de los animales de peluche es muy real, sales del cine contento. Oh por cierto, la fotografía en el bosque de los cien acres es muy linda, los destellos de golden hour entre la hierva se ven muy bien.

Estos liveactions de disney no están tan mal.

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