Amanohashidate





Como he dicho en toda esta serie de Japón, la razón por la que fui  al país de Dragon Ball (aunque suene esteriotípico, ¡yo si quería encontrarme a Goku!) era trabajo de voluntariado, en el desconocido pueblo de Amanohashidate. Un pueblo costero con mar de un azul que nunca había visto.

Amanohashidate esta formado por los caracteres  天橋立 , según me explicaron significa puente al cielo. El puente al cielo es un banco de arena de tres kilómetros, lleno de arboles que dan un fruto rojo del tamaño de arándanos deshidratados del súper, color como cereza brillante, realmente no supe que era, no lo comí.

Al final del puente de arena hay un templo budista y un montón de tiendas de souvenirs.

El pueblo de Amanohashidate no es muy grande, tiene calles angostas, dos santuarios, el Youth Hostel de Amanohashidate y el Parque Kasamatsu, una montaña desde donde se puede ver el banco de arena en su máximo esplendor y la gente se toma la tradicional fotografía de ver el Amanohashidate de cabeza.

El día que llegué llovía, pero a la vez hacia calor, digamos que el suéter que compré en Kyoto estaba de sobra, pero tenía frío pero no tanto para ese suéter, lo sé el clima de Japón es confuso.

En la puerta del hostal, bueno no la puerta exactamente, digamos que 20 pasos más allá de la puerta, estaba el santuario Manai, cuando decidí salir a explorar un poco en medio de una fina lluviecita lo encontré. Esa tarde en particular había solamente un hombre rezando, que además me vio muy feo porque bien turista yo caminando por el santuario sin saber bien a bien que onda. Supongo que interrumpí su oración con la montaña.

En ese momento me causó emoción salir y encontrar un santuario. Claro que conforme te vas alejando de las ciudades encuentras más santuarios, y entre más santuarios encuentras, menos gente habla inglés; una por otra.

santuario amanohashidate

 

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